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T.S. Elliot, 1890.

"¿Dónde quedó el conocimiento que hemos perdido en la información y dónde quedó la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento?"
(T.S. Elliot, The Rock, Canto I, 1890)

miércoles, 2 de noviembre de 2011

COMUNICACIÓN MAS ALLÁ DE LA TUMBA (I de III)


Autor: Ervin Laszlo (1)

Transcripción libre de Pasajero en tránsito.

En las vanguardias de la ciencia están apareciendo evidencias que demuestran que a un nivel profundo todas las cosas del cosmos están conectadas entre sí. Esta conexión, como hemos visto es válida respecto a los cerebros humanos: en estados cerebrales y mentales alterados, las ondas cerebrales de distintas personas, aunque estén separados por distancias finitas, se sincronizan y los ritmos expuestos por uno de ellos son reconocidos por los demás. El universo, incluyendo a los seres humanos, es fundamentalmente coherente y, según parece, también de manera no local.

La sorprendente coherencia no local de los cerebros y mentes de distintas personas produce cierto número de los denominados fenómenos paranormales, incluyendo la telepatía, visión remota, curación a distancia, dolor de gemelos y conexión con independencia de la distancia entre personas relacionadas emocionalmente. En estos casos la coherencia entre las mentes de las personas está intermediada por sus cerebros y cuerpos.

Pero… ¿qué sucede con la coherencia y la conexión con mas de una mente que ya no está asociada a un cerebro y un cuerpo vivos? Sugerir que podemos estar “en contacto” con personas que ya han muerto es alucinante. No obstante, numerosas experiencias y experimentos en el cada vez más importante campo de la TCI (transcomunicación instrumental) testimonian que la comunicación más allá de la tumba pudiera existir. Las evidencias están ahí, pero se sigue sin poder contar con una explicación satisfactoria de todo ello.

Este anexo (2) está dedicado a la tarea desconcertante y –desde una profunda perspectiva humana- extraordinariamente importante de buscar una explicación científica a la TCI. Y para ello repasa una experiencia que este escritor tuvo, explorando una explicación a la luz del campo akásico.

La Experiencia

7 de abril de 2007. Estoy sentado en un oscuro cuarto en la población italiana de Grosseto, junto con un grupo de otras 72 personas. Es de noche y no se oye ni un solo sonido, aparte de los que la emisora de onda corta de una radio. Se trata de una antigua radio de bulbos, del tipo que no utiliza transmisores sino tubos de vacío. Me encuentro sentado en una banqueta justo detrás de un anciano italiano que lleva un sombrero y que viste como si siguiésemos en invierno, aunque en la habitación hace calor, que aumenta con el paso del tiempo.

El italiano –un famoso médium que no se considera a sí mismo un médium comercial sino un investigador psíquico serio- es Marcello Bacci. Durante los últimos 40 años ha estado escuchando voces a través de su radio y se ha convencido de que son las voces de personas fallecidas. Quienes acuden a sus “diálogos con los muertos”, que se llevan a cabo de manera regular, están igualmente convencidos. Son personas que han perdido un hijo o una hija, un padre, una madre o una esposa, y que tienen la esperanza de poder escucharlos gracias a la radio de Bacci.

Hemos permanecido sentados una hora en la habitación en penumbra. Bacci toca con ambas manos la caja de madera que contiene la radio, acariciándola por los costados, por encima y por debajo, y hablándole. “Venga, amigos hablen conmigo, no duden en hacerlo, estamos aquí, esperándolos…” Pero ahí estaba todo el mundo, esperando. Bacci no deja de acariciar la radio, de girar el dial, y de pedir a las voces que se manifiesten. Yo estoy sentado detrás de él, esperando un milagro…

Y entonces: se escuchan sonidos que parecen jadeos o como una cámara o almohada de goma siendo inflada. Bacci dice: “¡Por fin!”. Continúa moviendo el dial, pero ya no se escuchan más transmisiones de onda corta. Cuando gira el dial, la radio sólo transmite esa respiración periódica. Toda la radio parece estar sincronizada con esta única frecuencia, que un asociado de Bacci controla cuidadosamente en un aparato a mi derecha.

Bacci le habla a la radio, animando a quien sea que respira, o bombea aire, a que hable con él. Ahora llegan voces a través de las ondas. Se trata de voces poco definidas, apenas humanas, difíciles de comprender pero que hablan italiano y Bacci parece entender lo que dicen. Toda la habitación se queda congelada, concentrada al máximo. La primera voz es de un hombre. Bacci le habla y la voz contesta. Bacci le dice que esta noche hay allá mucha gente (el grupo de costumbre no supera la docena), y que están ansiosos por entrar en conversación.

Bacci dice que detrás de él –justo a mi izquierda- se halla alguien a quien le conoce. “¿Quién es?” (se trata de un famoso investigador-psíquico francés, el padre Brune, que ha escrito varios libros sobre sus experiencias hablando con su hermano que murió hace poco más de un año y desde entonces ha entrado en contacto con él, esperando poder hacerlo de nuevo). La voz responde: “Pére Brune” (tal y como el padre Brune es conocido en Francia). El padre Brune pregunta: “¿Con quién estoy hablando?”. Resulta que no era su hermano sino el padre Ernetti, un amigo cercano y compañero del padre Brune que murió no hace mucho.

(Más tarde me enteré de que el padre Ernetti, un sacerdote católico destinado a la abadía de san Giorgio Maggione de Venecia, empezó manteniendo transcomunicaciones instrumentales en 1952. Junto con el padre Gemelli, un eminente médico de la Universidad Católica de Milán. Investigó maneras de filtrar las cintas de audio de cantos gregorianos para mejorar la pureza del sonido. Sus intentos se vieron frustrados por el hecho de que el cable utilizado por las grabadoras antiguas solía romperse con cierta frecuencia y necesitaba una reparación constante y delicada. Finalmente, el padre Gemelli, como era su costumbre cuando se exasperaba, llamó a su fallecido padre en busca de ayuda. Cuando iniciaron sus propias grabaciones, los dos sacerdotes escucharon la voz del viejo Gemelli en lugar del canto gregoriano en el que trabajaban. La voz dijo: “¡Claro que te ayudaré! Estoy siempre contigo”. Los dos informaron del incidente al papa Pío XII que les dio una respuesta muy positiva: escuchar la voz podría iniciar “un nuevo estudio científico que confirmase la fe en el más allá”. El padre Brune tuvo conocimiento de esos hechos y se convirtió en amigo y coinvestigador del padre Ernetti.)

El padre Brune y el padre Ernetti hablan durante unos instantes y luego Bacci –que continúa inclinado hacia adelante acariciando la radio- dice: “¿Sabe quién más está aquí sentado, justo detrás de mí?”. Una vos que parecía distinta, pero también masculina, dice: “Erwin”. Lo pronuncia como lo haría en húngaro o en alemán, con la “e” como en “extraordinario” y no como en inglés en “earth”. Bacci pregunta: “¿Sabe quién es? “, y la vos responde: “unghrese” (“es húngaro”). A continuación la vos pronuncia mi apellido, pero lo hace como suelen hacerlo los italianos: “Latzlo”, y no como los húngaros, con una “s” suave, como en “Lasslo”.

Bacci me pide que le dé mi mano –estoy sentado justo detrás de él-. Y la coloca sobre la suya. Su esposa, y compañera en sus labores desde hace mucho tiempo, descansa a su vez su mano sobre la mía. Mi mano está apretujada entre las suyas y se va tornando más caliente, en realidad muy caliente. Bacci me pide: “Háblales en húngaro”. Me inclino hacia adelante y así lo hago. Mi vos sale entrecortada, pues estoy emocionado. Está sucediendo lo impensable, justo como esperaba, pero que apenas me atrevía a imaginar. Digo lo feliz que me siento al hablar con ellos. No me parece que deba preguntarles si están muertos (¿cómo le preguntas si esta muerto a alguien con quien estás hablando?), así que en lugar de ello les pregunto: “¿Quiénes son ustedes y cuántos son?”. La respuesta que llega en húngaro es poco clara, pero puedo comprenderla: “Aquí estamos todos” (una voz añade: “el espíritu santo conoce todas la lenguas”). Luego pregunto: “¿Les resulta difícil hablarme así?” (pensando en los jadeos que precedieron la conversación). Responde una mujer en húngaro, con bastante claridad: “Tenemos ciertas dificultades (u obstáculos), pero… ¿y usted? ¿también tiene obstáculos?”. Digo: “No me resultó difícil descubrir esta manera de hablar con ustedes, pero ahora puedo hacerlo y estoy encantado”.

Bacci piensa en las muchas personas que esperan poder entrar en contacto con sus seres queridos perdidos y dedica su atención al resto de los ocupantes de la habitación, sin identificar a nadie por el nombre, sólo recordando que también ellos quisieran obtener respuestas. La voz –la misma u otra distinta, masculina, aunque resulta difícil saberlo con certeza- desgrana cierto número de nombres, uno tras otro. La persona nombrada habla a veces con una voz temblando de esperanza. “Puedo escuchar a María (o a Giovanni)?”. A veces aparece en el aire una voz más joven, y una persona presente en la habitación da un grito de alborozo y reconocimiento.

El proceso continúa alrededor de una media hora. Hay paréntesis por el sonido de aire, como en un jadeo (Bacci explica: “Se están recargando”), pero las voces retornan. Luego da la impresión de que han desaparecido por completo. Bacci maneja el dial de la banda de onda corta, pero sólo se escuchan interferencias y otras emisoras de onda corta, igual que durante la primera hora. Se pone de pie, se encienden las luces. Ha finalizado la sesión.

1. Anexo de “El Cambio Cuántico”. Cómo el nuevo paradigma científico puede transformar la sociedad. Kairós. 2009.
2. El cambio global en occidente: el Club de Budapest.




1 comentario:

Lígia Guerra dijo...

Feliz 2012!!! Que ele inunde a sua vida de poesia e que transborde muito amor! O resto a gente corre atrás ;-*